Básicamente el coaching, es una conversación, enfocada a liberar el potencial de una persona para incrementar al máximo su desempeño dentro de un contexto productivo y orientado a resultados. El coach observa minuciosamente pautas y patrones limitantes, define el escenario de las nuevas acciones, fija metas y objetivos que le permitan al individuo, grupo o sistema salvar la distancia entre donde está y dónde le gustaría estar.
Quienes nos dedicamos a esta disciplina a menudo nos esforzamos, en cada explicación, por despojar al coaching de los oropeles que continuamente le ponen los medios de comunicación, intentando desplazarlo de la etiqueta de fenómeno de moda y de píldora, “remedialotodo” en situaciones de cataclismo ejecutivo.
Ante todo y sin intención de esbozar un discurso dogmático y monolítico, creemos que el coaching, en cuanto a práctica, nace para hacerse cargo de espacios del aprendizaje que hasta el momento ninguna otra práctica había abordado, espacios que incluyen una cualidad de “aprender a aprender” y que incluyen la idiosincrasia de cada individuo desde un punto de vista holístico.
Quienes nos dedicamos a esta disciplina a menudo nos esforzamos, en cada explicación, por despojar al coaching de los oropeles que continuamente le ponen los medios de comunicación, intentando desplazarlo de la etiqueta de fenómeno de moda y de píldora, “remedialotodo” en situaciones de cataclismo ejecutivo.
Ante todo y sin intención de esbozar un discurso dogmático y monolítico, creemos que el coaching, en cuanto a práctica, nace para hacerse cargo de espacios del aprendizaje que hasta el momento ninguna otra práctica había abordado, espacios que incluyen una cualidad de “aprender a aprender” y que incluyen la idiosincrasia de cada individuo desde un punto de vista holístico.

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